domingo, 14 de marzo de 2010

Rincon azulado


La bicicleta recorria las calles de martinez cubiertas de las hojas de los platanos que recorren las veredas, comunicandose entre sí para lograr una armonia completa, teniendo charlas eternas con los paraísos cantarines que se entremezclan con ellos.

El crujir de las hojas, el rumor de un pajaro, el sol de otoño sobre su piel, abrazandolo calida y reconfortantemente.Todo estaba en paz. En aquel momento ninguna de las dolencias del mundo podian afectarle, pues esa tarde de otoño, ese pedalear infinito que ni el sabia a donde lo llevaria, le recordaron que estaba vivo.

Esa tarde se dirigio a un lugar inalcanzable para mucha gente, un lugar tranquilo y cercano compartiendo de su propia compañía.

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