sábado, 6 de junio de 2009

Muere.Nace.

El cielo se oscurecio de repente.La Luna, se resumió a una simple piedra redonda que colgaba del cielo, de ese cielo negro, de ese cielo infinito.La luz se extinguió. Oscuridad, nada más que eso. Solo oscuridad. Las sombras, esas sombras eternas, parecian haber llegado para no irse más. La nada se había decidido a prolongarse, trangandose todo, a todos.
Me detube a escuchar el silencio, ese silecio atrapador, ese silencio que generaba una preción en mis oídos. De repente escuche una voz, una voz femenina, una voz que me llamaba. Trate de dirigirme hacia el único sonido que escuchaba, traté, pero no pude. Me asusté al sentir la suavidad de una fría mano en mi hombro izquierdo. Ella seguía hablandome, pero mis oídos ya no escuchaban lo que sus labios decían, todo mi ser estaba concentrado en el contacto de sus manos con las mías. Ella seguía hablando, y sus palabras se perdían en las nuves que nos rodeaban.
Sentí que se acercaba más a mi, con mis manos en las suyas, senti que dirigía mis manos acia su rostro, sentí su rostro liso, sentí sus lavios finos, senti su naris levemente curvada. Pude verla sin mirar. Pude ver su largo pelo fino, sus ojos de almendra...



No sabía dónde estaba, no recordaba quién era, no recordaba nada. Solo buscaba a esa mujer de ensueño, esa princesa de las sombras.
Caminé. Caminé tanto que las calles desaparecieron. Caminé tanto que ni alambrados quedaban, ni un solo árbol, ni un solo pájaro, nada.
Seguí recorriendo mi camino sin rumbo. Ya no sentía, ya no razonaba. Ya había olvidado el motivo de mi caminata.
Algo se movió cerca mío, ¿algo? ¿qué algo? si no había nada más, no era posible, ya estaba dudando de mi propia existencia. No era posible que hubiera "algo" cerca mío.
Pero sí, había algo. Estaba ella, siguiendome. Siempre había estado observándome, siempre había estado conmigo, esperando el momento oportuno para aparecer.
Ya no tenía control de mi cuerpo, ya no era "yo", yo le pertenecía. Recorde entonces el motivo de mi largo recorrido, y supe que estaba ahí. Lo supe, pero no podía verla, no podía encontrarla.
Comencé a gritar desesperado. Grite y grite, hasta que no tube mas voz.
Apareció frente a mi como una ilución. Ví sus ojos negros. Vi su rostro sin expresión. Y al ver, no pude ver más. Me undí en el vacío de las almas, me undí en la nada, otra vez en la nada. Otra vez en la nada...

Caía la tierra sobre un ataúd. Nacía un niño en algún lugar del mundo.

Por: Madame Bovardy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario